LA idea de escribirme con minúsculas
no me hace humilde.
No me hace humilde inclinarme ante Dios
pues sé quen me robó los domingos
y quien me dio la oportunidad de engrandecerme.

Latente mi altivez para los grandes,
aún menos me hace humilde.

Cristo sólo se ha llevado
la humildad del mundo.